miércoles, 25 de julio de 2007

Un maullido en la noche

Cuco nunca ha sido un gato elocuente. Al contrario de Menina, que siempre exige sus comidas con la precisión matutina de sus gatunos jugos gástricos, Cuco jamás dice palabra. Y lo que más me alarma últimamente: ha hecho extraordinarias migas con su vecina la perrita (no tiene nombre y solía tener sarna: sospecho que su ama la adquirió en calidad de alarma de coche y timbre del portón). Pasa las horas metido dentro de la casita del té de la hija de nuestra vecina y nunca sale. Algunas veces sospecho que está muerto o desmayado por el calor. Pero cada mañana sube las escaleras para el segundo piso y se reporta en la ventana del cuarto. No maulla, sino que simplemente se asegura de que haya suficiente luz para proyectar su sombra a través de las pesadas cortinas invernales que aún no me decido a quitar... Tampoco ha demostrado ser un gato díscolo ni casquivano, a pesar de ya contar con más del año de edad y a pesar también de la numerosa población fémina felina que hay en la cuadra. Es un gato bastante misterioso, como el color de su pelo. Inclusive desmiente a su cascabel: ya no es posible identificarlo como cuando pequeño, que jugueteaba constantemente con ese adminículo pendiente de su collar. Sin embargo Cuco ha comenzado a hablar. Generalmente pasada la medianoche. Algunas veces a las tres de la madrugada, cuando todavía estoy despierto, escucho su poco estandarizado maullido: no es como el del común de los gatos, un miau melifluo y ronroneante, sino que hay algo de melancolía y dolor en él. Dos, tres veces y luego el silencio que siempre lo caracteriza. Ahorita le ha dado por asomarse por la ventana del cuarto y vigilar lo que hago. Pero nunca lo he visto maullar: solamente lo he escuchado. Me pregunto que pensará este gato en particular... qué sentirá...

Carolyn's Fingers - Cocteau Twins