sábado, 11 de agosto de 2007

"La Cena" y "Aura": un caso de intertextualidad o plagio postestructuralista.

Las teorías literarias modernas han derrumbado la noción de originalidad y genio literario vertido en la figura del autor durante el siglo XIX. Ya no es posible la total originalidad, debido a que la literatura en cuanto a unidad temática ha agotado cualquier posibilidad. Sólo hay un breve resquicio por el cual puede escapar el genio del autor a través de la particular forma en que trate el tema de su elección: la vieja controversia fondo/forma o significante/significado. Así pues, a pesar de haber sido escritos mil textos literarios que traten sobre la muerte, cada uno de ellos será distinto en la medida en que el autor eficientice los significados que en él plasma. Sin embargo, al tratarse las literaturas nacionales podemos encontrarnos casos muy peculiares. Quisiera referirme a uno concreto: el cuento "La Cena" de Alfonso Reyes y la novela "Aura" de Carlos Fuentes.
Podríamos emparentar ambos textos dentro de la literatura fantástica ya que la transgresión de los límites sueño/realidad son el común denominador en ellos. Sin embargo, ¿cuál de los textos logra construir un mundo narrativo autónomo y que genera un paradigma en la literatura fantástica?
  
En 1912 Alfonso Reyes publica su cuento. El argumento parece ser bastante inofensivo: Alfonso, debido a un impulso vertiginoso que desconoce, llega a una casa sin saber el propósito de la visita. Es recibido por doña Magdalena y su hija Amalia. Alfonso recibe un recorrido por la casa y luego es invitado a cenar. En el transcurso de esta velada sospecha algo ominoso, un secreto oscuro que comparten ambas mujeres y que le escamotean a cada rato. Ambas tienen un parecido extrañamente exacto, a pesar de las diferencias de edad. Bebe y come una cena que no atina a describir bien y cuando salen al jardín entra en un sopor que no le deja reaccionar. Cuando descubre que él es en realidad la reencarnación del capitán al observar el retrato que su llegada había observado sin interés en el salón, un estrépito de cristale
s rotos lo despierta en la calle, corriendo nuevamente hacia la casa de ambas mujeres sin rastro de recuerdo alguno de lo sucedido: sólo una pequeña insinuación por las hojas en su cabeza y la flor en el hojal cortada en el jardín. El final de este cuento nos revela una realidad bastante amenazante y peligrosa.
   Carlos Fuentes publica "Aura" 50 años después. La trama gira en torno a un triángulo también. El ambiente es ambiguo, sombrío y pesado. Existen las mismas referencias tóxicas e hipnóticas de la comida, la bebida y las plantas que en este caso se manifiestan en el vino espeso y rojo, la invariable cena de riñones y la botánica narcótica del oscuro pasillo. A lo largo de la lectura de la memorias incompletas, Felipe Montero va descubriendo la historia del General Llorente y la joven Consuelo, quien en la decrepitud esclaviza a Aura. Tal sujección es total al grado de que Aura imita mecánicamente los gestos de la viuda. La revelación también se produce a través de un retrato: Felipe Montero se reconoce y asume su papel como sujeto amoroso de Consuelo. ¿Muchas coincidencias?
    Se podría acusar de plagio al autor de "Aura" o de un homenaje literario a Reyes a través de su "noveleta". No recuerdo que Carlos Fuentes haya hecho tal referencia al respecto. Entonces, si el lector se ha de interesar por esta cuestión, ¿quién logra mayor mérito literario? Ciertamente no creo que sea Fuentes. En la brevedad y perfección circular del cuento, Reyes cumple con su objetivo de sorprender ante la imposibilidad de un mundo en el que irrumpe el pasado para destruir el presente. Tiene mayor fuerza. En este sentido, la literatura de Fuentes en el caso particular de "Aura" sólo sería un extenso ejercicio técnico o la traducción del cuento en noveleta. ¿Qué les parece?

miércoles, 25 de julio de 2007

Un maullido en la noche

Cuco nunca ha sido un gato elocuente. Al contrario de Menina, que siempre exige sus comidas con la precisión matutina de sus gatunos jugos gástricos, Cuco jamás dice palabra. Y lo que más me alarma últimamente: ha hecho extraordinarias migas con su vecina la perrita (no tiene nombre y solía tener sarna: sospecho que su ama la adquirió en calidad de alarma de coche y timbre del portón). Pasa las horas metido dentro de la casita del té de la hija de nuestra vecina y nunca sale. Algunas veces sospecho que está muerto o desmayado por el calor. Pero cada mañana sube las escaleras para el segundo piso y se reporta en la ventana del cuarto. No maulla, sino que simplemente se asegura de que haya suficiente luz para proyectar su sombra a través de las pesadas cortinas invernales que aún no me decido a quitar... Tampoco ha demostrado ser un gato díscolo ni casquivano, a pesar de ya contar con más del año de edad y a pesar también de la numerosa población fémina felina que hay en la cuadra. Es un gato bastante misterioso, como el color de su pelo. Inclusive desmiente a su cascabel: ya no es posible identificarlo como cuando pequeño, que jugueteaba constantemente con ese adminículo pendiente de su collar. Sin embargo Cuco ha comenzado a hablar. Generalmente pasada la medianoche. Algunas veces a las tres de la madrugada, cuando todavía estoy despierto, escucho su poco estandarizado maullido: no es como el del común de los gatos, un miau melifluo y ronroneante, sino que hay algo de melancolía y dolor en él. Dos, tres veces y luego el silencio que siempre lo caracteriza. Ahorita le ha dado por asomarse por la ventana del cuarto y vigilar lo que hago. Pero nunca lo he visto maullar: solamente lo he escuchado. Me pregunto que pensará este gato en particular... qué sentirá...

viernes, 6 de abril de 2007

Cavilaciones del Suicida

I
El precipicio abraza
mi dolor de alas rotas.
Seducido
me entrego al vértigo de las nubes.

Vuelo.

El viento lima mi piel
de toda cicatriz.

Al tocar el suelo
no hay nada.
Sólo una oscura húmedad
recién inaugurada.
No hay recuerdos
ni sangre
ni huesos.

El tiempo transforma la luz en fuego.

II
¿Qué infierno queda después de éste?
¿Qué esperanza
qué pesadilla
qué desaliento?
¿Qué?

III
Clavado en la fétida arena
mis raíces escudriñan con paciencia
la obscura eternidad.
No conservo pies,
ni manos
ni rostro.

Sólo ramas marchitas.
Ramas secas que gimen y sangran.
Ramas que brotaron el día de mi despojo.
Ramas inútiles a todo deseo.

Mi cuerpo
lívido
intacto
se mece entre mis ramas.

IV
No hay más
bajo el pesado sudario.

No hay más
bajo su parálisis de plomo.

Sólo fantasías
largos corredores de espejos vacíos.


V
Un cuerpo tibio
aún tibio
se ríe de la vida
mientras se escapa por sus venas.

No es sangre
ni agua
ni aire lo que fluye.

Es todo y nada.

Las Perlas de la Virgen (o lo que causa un semestre de fonetica y Alarcos LLorach)

Función y rasgos distintivos

Por naturaleza soy enemigo de las dualidades. Dos fenómenos o dos conceptos que parecen opuestos o diversos me ofenden. Mi mente tiene un objetivo supremo: suprimir las diferencias.
—Giovanni Papini, “Visita a Einstein”, Gog.

Lo primero del pensamiento es precisamente este estructura binaria y no los elementos constituyentes. La dualidad llega antes que la unidad. Cualquier término, que pueda identificarse por el pensamiento y que pueda pensarse, requiere un término complementario a partir del cual pueda diferenciarse y al cual pueda oponerse.
—Henri Wallon, Les origines de la pensée.

¿Qué es lo que estudian la fonética y la fonología? ¿Cada uno de los elementos unitarios del lenguaje o las relaciones que entre éstos se establecen? ¿De qué mecanismos se valen para realizar dicho estudio? Estas cuestiones, entre otras, serán el tema a tratar dentro de este apartado, teniendo solamente como límite el análisis de las consonantes.
Dice Alarcos Llorach que toda diferencia lleva diferencia lleva implícita la noción de un contraste. Con esta noción introduce el concepto de cualidad fónica distintiva: sólo existirá cuando esa cualidad observe ese contraste, forme una oposición fonológica. Estas oposiciones pueden ser de dos tipos: unas, que producen cambios en los significados de una lengua dada, son las oposiciones fonológicas distintivas, y otras, que no producen variación en la significación, simplemente son no distintivas. Así pues, se tiene que no es lo mismo [pe o] que [pero], donde la oposición [ ] / [r] es distintiva; sin embargo, la oposición [s] / [θ] en [kast ] / [kaθt ] no altera el significado entre ambas palabras. ¿Y qué sucede, pues, en cualquiera de estas palabras, cuando aparece una [a] abierta y una [ ] cerrada? ¿No forman oposición distintiva? No, sino que simplemente constituyen un contraste, es decir, una diferencia de elementos sucesivos en el decurso. De esta manera, se tienen las nociones de oposición, ya sea distintiva o no, y de contraste.
Sin embargo, ¿cuáles son estos elementos que producen la función distintiva? ¿Los fonemas o los sonidos? Una oposición puede estar dada por varios elementos, como en el caso /sonso/ /sarpa/, en donde la /s/ inicial es indistintiva y las unidades distintivas son -/onso/ y -/arpa/. Dicha unidad fonológica puede tener cualquier extensión: puede estar compuesta por uno o más fonemas. A su vez, esta unidad fonológica se constituye por una serie de elementos fónicos. Si estos elementos no son divisibles se tiene al fonema: una unidad fonológica indivisible.
Por otro lado, ¿cómo se identifican a los fonemas que son parecidos entre sí? Un fonema puede formar parte de un complejo fónico, es decir, puede tener distintas realizaciones posibles en el habla. Pero entre ellos dicha oposición es irrelevante. Por ejemplo [d] y [d] son parte de un complejo fónico que no produce cambios significativos en un contexto (esa diferencia consiste en el carácter oclusivo de [d] y en el carácter africado de [d], que no producen cambios de significado, no son fonemas, sino sonidos). Pero si se oponen a [t] surge una oposición distintiva: [tardo] / [dardo] - [dardo]. El rasgo sordo de [t] se opone al sonoro de [d] / [d]. De esta manera, el fonema, además de definirse como una unidad fonológica indivisible, es un conjunto de propiedades fonológicamente relevantes de un complejo fónico. Son sólo aquellas características que producen cambios significativos los que lo conforman. A esta característica se le denomina rasgo distintivo.
Entonces, ¿qué sucede entre el fonema y el sonido? ¿Los sonidos forman oposiciones? No. Un sonido, a diferencia de un fonema, es la realización de todos los rasgos que lo constituyen, los cuales son descritos por la fonética, tanto distintivos como indistintivos; el fonema, en cambio, sólo considera los rasgos distintivos: es una abstracción del sonido que existe en función de los rasgos distintivos.
Recapitulando, la función distintiva es el mecanismo que permite la oposición distintiva a través de los rasgos que producen cambios significativos. La importancia de la oposición radica en determinar los rasgos de un fonema que permiten diferenciarlos de los demás fonemas de una lengua dada. De esta forma se concluye que un fonema no tiene valor por sí mismo, sino exclusivamente a través de una oposición. A este respecto dice R. Jakobson que es a través de la oposición la forma en que se construye la totalidad de una lengua. El hablante no aprende elementos aislados, sino que aprende el lenguaje a través de contrastes que están íntimamente relacionados: coexisten. Tal es la importancia de los estudios de oposición.
Por otro lado, los fonemas se comportan sólo dentro de un sistema, entendido como el conjunto de oposiciones de una lengua dada, al que pertenecen. Español e Inglés pueden tener sonidos idénticos, pero no fonemas. La estructura de dicho sistema está dada por las diversas clases de oposiciones que en él son válidas. De acuerdo con este criterio se tienen las oposiciones bilaterales y las oposiciones multilaterales; las oposiciones proporcionales y aisladas.
En las oposiciones bilaterales y multilaterales se expresa la relación que existe entre los dos miembros que se oponen: las propiedades distintivas y comunes a los dos miembros son el referente que los comparan. En las oposiciones bilaterales, dichos referentes son exclusivos de esos dos miembros en todo el sistema; en las multilaterales, el referente pertenece a otros miembros del sistema.
En las oposiciones proporcionales y las aisladas se toma como criterio de clasificación de los miembros del sistema la función que desempeñan los rasgos distintivos. Son proporcionales cuando los dos fonemas se relacionan de una manera idéntica que en otras oposiciones. Son aisladas aquellas oposiciones en que los miembros tienen una relación que no se encuentra en otros del sistema.
Además de este comportamiento interno, los fonemas se pueden clasificar según las oposiciones que guardan relación directa entre sus miembros. De acuerdo con este criterio se tiene: oposiciones privativas, que están formadas por dos miembros, uno con la presencia de determinada característica (miembro marcado) y otro por su ausencia; graduales, cuando entre dos miembros se establece una diferencia de grado, y equipolentes, cuando la oposición se establece entre dos miembros lógicamente equivalentes.
Existe aún otra clasificación que toma en cuenta la amplitud de distribución y la persistencia de validez distintiva de los fonemas dentro de un significante. La oposición constante se da cuando un fonema aparece en cualquier posición de palabra, sin perder su valor distintivo. Las oposiciones neutralizables son aquellas en que, por el contrario, el fonema pierde su valor distintivo en ciertas posiciones de palabra sin alterar el significado del contexto.
En las oposiciones neutralizables, los rasgos fonológicos similares de ambos fonemas se asimilan en uno nuevo denominado archifonema. Dicho archifonema es el representante común de los dos fonemas neutralizados y se representa con una letra mayúscula.
En todos estos tipos de oposiciones se observan en algunas una relación más íntima y cercana entre sus miembros: en las bilaterales hay mayor cercanía entre sus miembros que en las multilaterales; en las proporcionales la marca distintiva es más obvia que en las aisladas; en las privativas el rasgo fonológico es más claro que en las equipolentes, y lo mismo ocurre con las oposiciones neutralizables en contraste con las constantes. Esta característica de poder identificar con mayor claridad el contenido distintivo de las oposiciones bilaterales, privativas y proporcionales reciben un nombre especial: correlaciones.
La correlación se da entre dos fonemas (pareja correlativa) que forman oposición bilateral, proporcional y privativa, en donde, al igual que en las otras oposiciones, existe una marca de correlación constituida por un rasgo pertinente que distingue a las otras parejas correlativas. Mientras más correlación presenta una lengua, según Alarcos Llorach, más coherente es dicho sistema.
Todos los anteriores mecanismos descritos constituyen funciones distintivas que nos permiten determinar los rasgos distintivos de un sistema. Ahora, ¿cuáles son en sí dichos rasgos fonológicos? ¿Cómo se constituyen? ¿Qué características los sustentan? Según H.E. Pérez, no existe un acuerdo sobre cómo definir los rasgos distintivos, ya sea en términos articulatorios, acústicos o preceptúales, aunque sí se refiere que para la fonología es importante la clasificación de los rasgos en cuanto su capacidad de establecer oposiciones, con lo cual se alude a cualquiera de las realidades fonéticas. En igual sentido, Alarcos Llorach expresa que se tiene que echar mano de conceptos acústicos y articulatorios, propios de la fonética, para estudiar las propiedades fónicas mediante las cuales se realizan en el habla los fonemas opuestos. He aquí, una vez más, la necesidad de recalcar la relación que guardan sonidos y fonemas, fonética y fonología: aquél es un hecho concreto, éste una abstracción de dicha realidad.
Los rasgos distintivos se clasifican, en primera instancia en inherentes y prosódicos. Los primeros “aparecen en el decurso lingüístico en forma de secuencia” sin considerar para su definición esa secuencia en sí. Los segundos aparecen superpuestos a los inherentes y por lo mismo dependen de ellos para poder definirse: el acento, la entonación y la altura musical.
¿De qué sirve la descripción de todos los anteriores mecanismos? Sirvan las siguientes preguntas a modo de reflexión.
¿Qué aporta la función distintiva a la economía de la lengua, si asumimos que la lengua es económica? La respuesta es bastante redundante: aporta todo. A este respecto quisiera citar a J. Álvarez Constantino que dice que:
los fonemas de una lengua no son un conjunto de sonidos dispersos y aislados, que tengan valor por sí mismos, sino que más bien son elementos constitutivos de un sistema coherente y unitario, en el que los fonemas se relacionan por equivalencias, por semejanzas, por diferencias y por oposiciones, contribuyendo todos a precisar y distinguir la forma acústica de los signos lingüísticos.
En el mismo rumbo, ya había mencionado arriba que Alarcos Llorach señala que mientras más correlaciones existan en un sistema dado, este será más coherente y estructurado. Es decir, la lengua se estructura a través de esos contrastes y es en base a esas distinciones que la lengua permite economía. ¿Para qué discriminar un elemento que no tiene ningún referente de comparación? Es inservible. Así el niño de uno o dos años que no puede decir [ εĉe], intuye de alguna forma que si ejecuta la vocal abierta [ε] seguida de la africada palatal [ĉ], se estará refiriendo a esa realidad, se estará comunicando, porque esos dos fonemas son el núcleo silábico de esa palabra, que la diferencia esencialmente de cualquier otra.
Para finalizar, si se supone la existencia de una “poética fonológica”, ¿cómo se puede enriquecer la literatura de los estudios de lengua? Me atrevería a asegurar que dicha poética fonológica no es una mera hipótesis o suposición. La fonología y la fonética proporcionan herramientas valiosas para explicar y describir los distintos campos de la literatura. Dentro de la creación literaria, las nociones de los rasgos prosódicos o suprasegmentales pueden ser explotados al máximo para lograr cierto efecto en la construcción del texto poético: aliteraciones, rimas, pausas, entonación, musicalidad, ritmo… Creo que R. Jakobson expresa de mejor manera la relación que existe entre fonología y poética: “la noción de verso implica la presencia indispensable de cierta organización específica ad hoc de la materia sonora verbal”. Dentro de esta “cierta organización específica” es donde entra el análisis fonológico como herramienta que puede ayudar en la construcción de poemas. Dentro de la literatura infantil esas características fonoacústicas cobran fundamental importancia: el tener la noción de entonación, y saberla combinar con los demás suprasegmentos, puede resultar en un texto adecuado a los intereses de un niño, tal como lo señala Jakobson: “toda rima le da particular alegría a un niño… los niños juntan palabras que riman o bien inventan palabras para que rimen con las existentes o también forman cadenas constantes de vocablos rimados sin sentido…”. De esta manera, el observar cierta conducta en los niños de determinada edad respecto al material poético en el que se observa la repetición de patrones fónicos, puede ser tomado en consideración para la creación de textos literarios adecuados a los intereses del lector infantil de dicha edad. Dentro de la crítica y la teoría literaria, la fonología puede proporcionar herramientas con las cuales se pueda apreciar y explicar el fenómeno estético de la literatura. ¿De qué manera? Pues atendiendo a las características fonoacústicas del texto, se puede dar cuenta de los recursos fonológicos que son utilizados o explicar de qué manera se encuentra construido el texto desde esta perspectiva (como lo hace Greimas al identificar el nivel de las isotopías fonológicas en el texto poético). La fonología aporta, pues, herramientas que van a permitir un análisis más objetivo, de mayor peso y con mejores argumentos de una obra literaria. Todas estas herramientas enriquecen a la literatura y le hacen recordad a los literatos que la lengua no es sólo escrita, sino también eminentemente hablada.

Bibliografía

Alarcos Llorach, Fonología Española, Gredos, Madrid, 1991.
Hernán Emilio Pérez, La noción de rasgo distintivo, el caso de las consonantes oclusivas del español, en línea disponible en:
http://www.udec.cl/~heperez/reasgo.htm
Jesús Álvarez Constantino, Gramática funcional del español. Tomo I: fonología y ortografía, Ed. Avante, México, 1987.
Roman Jakobson y Linda Waugh, La forma sonora de la lengua, trad. Mónica Mansour, FCE, México, 1987.

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