I
El precipicio abraza
mi dolor de alas rotas.
Seducido
me entrego al vértigo de las nubes.
Vuelo.
El viento lima mi piel
de toda cicatriz.
Al tocar el suelo
no hay nada.
Sólo una oscura húmedad
recién inaugurada.
No hay recuerdos
ni sangre
ni huesos.
El tiempo transforma la luz en fuego.
II
¿Qué infierno queda después de éste?
¿Qué esperanza
qué pesadilla
qué desaliento?
¿Qué?
III
Clavado en la fétida arena
mis raíces escudriñan con paciencia
la obscura eternidad.
No conservo pies,
ni manos
ni rostro.
Sólo ramas marchitas.
Ramas secas que gimen y sangran.
Ramas que brotaron el día de mi despojo.
Ramas inútiles a todo deseo.
Mi cuerpo
lívido
intacto
se mece entre mis ramas.
IV
No hay más
bajo el pesado sudario.
No hay más
bajo su parálisis de plomo.
Sólo fantasías
largos corredores de espejos vacíos.
V
Un cuerpo tibio
aún tibio
se ríe de la vida
mientras se escapa por sus venas.
No es sangre
ni agua
ni aire lo que fluye.
Es todo y nada.
1 comentario:
Hola! Me agrada mucho lo que ha escrito. Respecto de este del cual le mando el comentario, no se sintio asi en tal momento de inspiracion ni en ningun otro, verdad? Hmm... Bueno, hasta luego!
P.D.: Perdone si no tiene acentos, es que todavia le hablo de usted a la computadora y creo que ahorita esta enojada conmigo. Je!
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